Embalsamador: parte 3, "Rigor mortis"

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Rigor mortis  

Nunca he sido estúpida, aunque suene redundante, mis corazonadas pocas veces han fallado. Tengo la pesada sospecha y algunas pruebas de que el embalsamador de la morgue que esta enseguida del parque es el mismísimo doble S. Tiene cara de ser intelectual y racional, pero para no poner en riesgo mi vida, le dejare una nota. La verdad es que no me importa lo que hace, ha asesinado y mutilado únicamente a criminales, personas sin nombres, a quienes no extraña nadie. Sin embargo, estoy segura de que cuando no está matando por su propio entretenimiento, lo hace a escondidas tras las puertas de la vieja morgue.

No quiero meterme en sus asuntos de psicópata, solamente no quiero que él se meta en mis asuntos, así que dejare instrucciones claras en la nota que le enviaré adjunto en el cuerpo de mi esposo. El hombre, es un profesional en el arte de la mutilación, voy a ,empezar por felicitarlo por su trabajo, para desalentar la sospecha de que yo quisiera entregarlo a las autoridades, eso es algo que realmente no me interesa.

La morgue me ofrece la ventaja de ser un edificio mal diseñado y me voy a dar el lujo de espiar por la ventana en la parte de arriba del cuarto al embalsamador, cuando descubra la bolsa del cuerpo de mi esposo, vera la nota, la leerá y me hará la señal de que va a aceptar mi solicitud. Cuando lo vea caminar debajo de la ventana y quemar la nota me daré cuenta de que no va a mutilar a mi esposo, que lo dejara tal y como esta, seguro comprenderá mis motivos, además se va a encargar de inyectar la dosis extra en el cuerpo de mi esposo que lo mantendrá en el límite del coma, también esconderá en su mortaja el radio comunicador.

Doble S será el único cómplice y testigo, de mis planes. Si todo sale bien, mañana a medio día, después de su entierro, ya habrá pasado el efecto de la tercera inyección, se despertará hambriento, desorientado, a oscuras dentro de un cajón de muerto, enterrado en el panteón de la ciudad, justo enseguida de las tumbas de sus padres. Tendrá la última oportunidad para pedirme perdón a través del radio, podrá hablar solamente conmigo y con nadie más, dirá palabras de auxilio, suplicara por misericordia, pero ya será tarde, morirá de asfixia, como yo misma me he asfixiado durante dieciocho años con su horrible manera de ser, se le terminara el oxígeno antes de que se te termine la batería al radio, y mi voz resonara durante todo el viaje que haga al infierno.