De Patty (continuación)

music notes
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“Martes, musicalunizando”.

Ahora veo las notas musicales flotando por encima de mi cabeza como si fueran  pájaros, revoloteando, creando circunferencias, resonando una tras otra en el instante que pasan encima de mi cabeza, me pregunto que es este sitio, todo el paisaje es algo extraño, en general posee ciertos toques que dan la confirmación, de que estoy en una playa. En efecto estoy descalza en la arena rasposa y caliente, no existe un paraje mas pacifico para mí, que una playa.

Así que continúo en mi paseo,  tomo un puño de arena para examinar, en los granos estaban dibujadas diminutos acordes musicales, las conchas tienen las líneas de un pentagrama, son un cuaderno en blanco. En todas las direcciones hay música escrita, dibujada, retumbando por aquí y por allá, el viento se escucha como una flauta que invita al sosiego, el mar es un ciclo de percusiones tan extenso y aun así tan acertado en sus compases, las olas grandes asemejan unos platos de metal y las pequeñas que acarician la orilla sirven como claqueta, o al menos así se escucha.

Mientras me estoy debatiendo en discusiones internas, intentando explicarme si voy a un lado, o si tal vez ya fui y solamente estoy regresando, noto que el sol está tocando la línea de este océano percusionista desde que llegue aquí, y no sé si va amaneciendo o esta anocheciendo, y mi lógica es sentarme abajo de una palma que tiene figura de arpa, para observar detenidamente el movimiento del astro en el horizonte.

La armonía del ambiente por fin empieza a repetirse, sin embargo el sol sigue inmóvil, lo único que se mueve a lo lejos es una barca, o tal vez es una aleta gigante. Se acerca directo hasta donde estoy sentada, de inmediato la melodía se torna de tranquilizadora y alegre, a preocupante y  terrorífica. La barca llega hasta la arena enfrente de mí, y cuando me levanto para acercarme, una marcha de tiburones cabezas de martillo se enfila hacia a mí con cara de pocos amigos y con un paso marcado por trompetas y violonchelos agresivos, y por paso marcado me refiero al movimiento de la aleta trasera que la mueven como si estuvieran nadando todavía en la arena, como si salirse del agua no les afectara nada, es mejor describirlo como un coleteo marcado. Se detienen y abren camino para que un par de tiburones blancos lleguen desde la barquita hasta mis pies y me entreguen un cofre grande que arrastraron con sus enormes mandíbulas, luego hacen los mismos movimientos de regreso para adentrarse de nuevo al mar.

Tan pronto como se fueron revise el cofre. Veo que adentro está el cadáver de una persona, se ve que ha sido roído por criaturas del mar, pequeños pulpos, peces y moluscos, estaba casi irreconocible pero supe de igual manera que ese era el cuerpo de Charly, empecé a llorar de rodillas y en cuanto la primer lagrima cayó en el suelo, la música subió de volumen y además del terror que imponía desde la llegada de los tiburones, se agregaron unos retoques escandalosos que me bañaron con tristeza. El sol se reanimo a seguir caminando hacia abajo y por fin me di cuenta que estaba anocheciendo, una ola de mar enorme se pinto de negro resaltando en medio del azul del océano,  se elevó tan alto que aunque yo intentara correr no iba lograr escapar, solo me abrace del cofre y espere que me tragara hacia el interior del agua.

 

 

“Miércoles, de vuelta al mundo.”

Tengo una sed de los mil demonios, mi cabeza quiere explotar, siento que mi cerebro ha estado en una licuadora durante meses, a mi lado, un monitor de pantalla verde hace unos bips conocidos, el ambiente huele a alcohol etílico y a cloro, el sentido del habla que carezco, es básicamente sobrante a la hora reconocer un lugar; obviando que estoy en el hospital, lo único que puedo preguntarme es ¿cómo llegue aquí?, ¿Por qué?, y ¿desde cuándo?, una enfermera se acerca a mí y me pregunta cómo me siento, y al mismo tiempo me entrega un pizarrón y un marcador para escribirle mi  respuesta. Después de una larga entrevista de ella a mí y de mi a ella, resulta ser que tengo dos días aquí, al parecer nunca fui con Charly a clases el lunes, el nunca desapareció y esa playa nunca existió, lo cual es una lástima, porque se sentía tan real.

Me encontró Charly  en mi departamento, el lunes a medio día, tirada al lado de mi cama, al parecer intoxicada, tan extrañado él como yo, pues me conoce bien y sabe que yo no soy capaz de ingerir ningún tipo de drogas, no soy de esa clase de personas, lo único que me gusta hacer para divertirme es música, es lo más sano que le ofrezco a mi cuerpo. Accedí a todo tipo de exámenes toxicológicos y al parecer, tuve los síntomas de  toxoplasmosis gondii pero en un nivel muy exagerado. Es también muy difícil de explicar como contraje el parasito, porque también soy una mujer muy higiénica, mi departamento está limpio siempre y el arenero de Zazy siempre está en constante cambios de arena, sin embargo el parasito se encuentra en las heces fecales de los mininos, así que no hay nada más que explicar, el parasito se las averiguo para sobrevivir en el ambiente de la casa hasta mi cuerpo.

Ya de tarde y en casa, Charly me ayuda a limpiar el desorden, dice que yo caminé y platiqué con él un par de cosas, nada relevante ni revelador,  sencillamente incoherencias. Le relaté todo lo que había visto mientras agonizaba en calentura y me atiborraba con espejismos y visiones, fue entonces que un par de cosas le hicieron sentido, se puso a atar cabos de las frases que yo decía aleatoriamente, y así pudo asimilar mejor la cronología de mi historia mientras sucedían en las dos dimensiones, y por supuesto que las sonrisas abundaron en el departamento, desearía poder carcajearme como él.

Fue un día demasiado largo, para mis gustos, hubo medicamentos y doctores de más, y cerveza de menos. A pesar de que se me antoja beber, creo que no voy a poder tomar ninguna hasta que termine con el tratamiento, apuntare un recordatorio para cuestionar al médico mañana, por lo pronto tengo que ir a descansar.

Solo puedo agregar que sufrí fiebre, vómitos y unas alucinaciones terroríficas, espectaculares y maravillosas, caminé por una playa merecedora de mil poemas, lloré la muerte de mi mejor amigo, incluso yo misma me tumbé en la arena, derrotada, rendida y lista para recibir la muerte, y todo a causa de que literalmente, Zazy  se cagó en la leche.

 

 

Jueves, “la misma cantata.”

Llevo tres días sin ir a la escuela de música, y que me perdone la vida porque yo no puedo; esta morronga endemoniada se las ingenió para mantenerme en casa dos días y uno en el hospital, pero soy muy optimista, y ciertamente ahora voy a ponerme al corriente, los viernes hay mini exámenes acerca de lo que vimos los otros cuatro días anteriores, pero me ha dicho Charly que solo fue la biografía de algunos compositores clásicos, y pues me defiendo bien en ese tema sin tener que revisar apuntes, aunque no quiere decir que no les voy a echar una ojeada.

Otra vez la marcha hacia la escuela, con la diferencia de que en esta ocasión es en la vida real, mis amigos y amigas me esperan con ansias, quieren que les cuente todo lo que pasé estos últimos días. Lo cierto es que muy pocos poseen la paciencia de posarse frente a mí y preguntar lo que sea, les da pereza tener que leer mis apuntes, y el lenguaje de señas lo manejan un mínimo de personas, yo me conformo con que me entendieran, ya que los puedo escuchar y así se agiliza mas el dialogo.

A pesar de que todos en el colegio me identifican, obviamente porque soy “la muda”, no significa que sea la más popular y supongo que es por la misma razón, pero no me afecta, en realidad no me llama la atrae ser el centro de atención, al menos que esté arriba de un escenario.

Se llega la hora de salir, tengo tres días por recuperar en un par de horas, no es para sobre reaccionar pues ya he hecho ese tipo de esfuerzos, todo indica que va ser un día normal como cualquier otro, la única mala noticia que recibí fue un mensaje de texto de mi doctor diciéndome que es mejor que no beba nada de alcohol hasta que deseche por completo la bacteria, pero esa noticia se compensa con la llegada de mi madre, es una mujer como cualquier otra, tan pronto como se enteró que estuve hospitalizada inicio un viaje de trece horas hasta aquí, puedo predecir además que a esta hora ya está mi casa limpia y la cena preparada.

Siempre disfruto dormir en el sofá, y hoy así va tocar de manera obligada, mi madre ya está durmiendo en mi cama, y yo aquí, viendo a Zazy parada en el marco de la ventana, se ve hermosa bajo la luminosidad de la luna, toda blanca con su collar morado, serena, da la impresión de que está haciendo guardia. Mientras yo la miraba para arrullar mi sueño, vi que un gato gris se paro sobre sus propias patas traseras al lado de Zazy, estaba erguido y como si fuera un humano inicio una conversación, no era un idioma entendible, pero no cabe duda que se articulaban palabras en medio de unos maullidos rechinantes que erizan la piel, luego Zazy se erguió igual que el otro felino para responderle mientras apuntaba hacia donde yo estaba acostada, luego el minino grisáceo tomó una postura de patrón, dijo algo que sobrepasó los decibeles de la conversación dando una impresión de que le daba a Zazy instrucciones en lo que de entregaba un objeto muy pequeño y redondo y del grosor de una tarjeta de crédito, intercambiaron un par de maullidos mas, se entrelazaron las colas así como cuando los humanos cerramos un trato con las manos y se despidieron. Después de eso, mi gatita brinco al sofá, se acurrucó en mis pantorrillas, ronroneó un rato hasta quedarse dormida.