Carta borracho

La tristeza. Ahí estaba escondida, tenía meses sin visitarme. Vino de nuevo a golpearme en el estómago. Ella cada vez mas fuerte, y yo, cada vez mas jodido. Detesto a los borrachos, para mi son gusanos. El alcohol convierte una persona de respeto, en un insecto. Así me hace sentir esta tristeza, oscura, despiadada.

Siento que me aprieta del cuello y me tira al suelo, al fondo del pozo, como en una tumba. Y ahí me hace tocar a las puertas del infierno. Quiere que mi mano tome la mano de la muerte.

Maldita, maldita mil veces esta tristeza que me hace sentir como gusano. Así que bebo. Bebo a bocajarro para liberar el llanto, deseo dejar fluir con mis lagrimas y mis suspiros este sentimiento que me asesina.

Una vez mas quiero rebanarme el cuello con mi navaja española. La fobia a la sangre me detiene. “Maldito cobarde!” pienso.

Y tomo mas alcohol. Una soga en el cuello se antoja complicado. Extraño mi revolver, si estuviera aquí se solucionaría mi problema. Entonces considero las pastillas, ya lo había hecho antes, tal vez ahora lo logre. Tomo cualquier envase del botiquín y lo vacío en la mesa. De una por una las mastico y me las paso con alcohol. Lego a la sexta pastilla y pienso en mis hijos. Lloro un poco más.

Deseo todo el amor y la felicidad para ellos. Quiero que mi esposa se sienta plena. Pienso en ellos un largo tiempo y sigo bebiendo brandy del pico de la botella. No quiero arruinarles la vida, causarles un trauma al ver el cuerpo muerto de su padre, una mañana del domingo.

Bebo un par de tragos más y escribo esto.

Deseo morir con todas mis fuerzas. Pero soy un cobarde que no tiene el valor. Así que espero que la muerte lea esto, se apiade de mi familia y su futuro y que me lleve.

Los alcohólicos son gusanos cuando beben, yo lo soy todo el tiempo.

P.d

Si eres la muerte, y estas leyendo esto. Por favor, cuidalos y protegelos, y llévame contigo.

Inanición

Como un pajarillo que se va del nido, así voló el amor mío, dejando un crio con el estomago vacío, y un corazón extrañándolo, muriendo de frio.

Prometió regresar a este hogar, mantuvimos las esperanzar vivas de volverlo a abrazar. Se sintieron tan reales, sus palabras y su mirar. Fue imposible no confiar. Ahora comemos tierra con sal.

Abandonados por el azar, en una madriguera alejada de la ciudad, en medio de un desierto desconocido de la sociedad. Me hace llorar el hambre, el frio y la soledad.

Me pregunto si habrá sido capaz de asesinar, el lucero que entre él y yo pudimos crear. O si en algún otro lugar, tal vez su vida encontró el final.

A mi lado está, un alma inocente y vulnerable, con ganas de vivir. Sin duda estoy, de que jamás podrá sentir, el calor de su papá.

Una lluvia casual, un insecto que se arrastra o la sangre de mi pulgar, mantienen tranquila su ansiedad. Su pequeño cuerpo tiene necesidad, exige comer lo que sea por piedad, con un llanto enfermo de debilidad.

Busco salidas a mi alrededor, pero no hay senderos para escapar. Del cielo alguien nos viene a arrullar. Una brisa leve, entona una melodía otoñal. Abrazo con todas mis fuerzas al costalito de amor. Mientras la muerte nos susurra su canción, el recién nacido me regala una sonrisa, la mas hermosa del mundo, y respiro el aliento de su último suspiro.  Así mismo, cierro los ojos, y me entrego a mi propio catabolismo.

Olvida el hambre y el dolor, pequeñito niño de algodón, nuestras almas se van juntas, danzando al ritmo de un son. Tu debilitado corazón, la fatal inanición, y toda la aflicción; se quedan para siempre en la tierra, pero tu y yo, nos vamos a ese lugar, donde todo estará mejor.

Edel

Submarino de hojalata

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Siete años a su lado fueron suficientes para amarla y respetarla. Se que ella me amaba hasta la adoración, lo sentía en sus caricias y sus mimos. Encontraba consuelo en mí y lo único que yo hacía era acompañarla y escucharla a diario. Al contrario de Vanda, su hija, quien la visitaba una vez al mes. Cuando se aparecía por la casa, yo pasaba a la cocina a saludarla y me regresaba a la habitación donde dormía al lado de Selma.

—Edel es muy raro, no me da buena espina. Cada vez que vengo, va y se encierra en tu recamara, mamá. —Decía Vanda.

—Déjalo vivir a gusto. No te hace mal, y a mí tampoco. Mientras yo lo quiera y él a mí, no tiene porque preocuparte nada. —le contestaba Selma, cerrando así el tema de nuestra relación. Y ciertamente, Vanda no tenía…

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El perfume de la muerte

Submarino de hojalata

Conforme pasa el tiempo, su aroma se percibe diferente. Cuando está fresca sabe a llanto, a sollozos y dolor. Arde desde el pecho hasta el amargo nudo que se forma en la garganta, con cada respiración.

Pero cuando pasa el tiempo y se añeja, la muerte huele a recuerdos. Deja un sabor en los labios, de una lagrima silenciosa, que se derrama desde una mirada perdida en memorias; en remembranzas de momentos que fueron dulces alguna vez y que, jamás se repetirán.

Me acompaña en todo momento, mofándose de mis miedos. Se disfraza de aliada o enemiga. ¿Quién domina el tablero, cuando uno es quien asesina?

Desde siempre y hasta el final, tomada de mi mano camina.

Hace falta vida solamente, para experimentar cómo es que se siente, el misterioso perfume de la muerte.

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¿Qué le pasa a Dago el dragón?

Revista Cometas de papel

La bruja Agatha y Peter el pirata, apagaron la fogata y tomaron su equipaje, pues emprenderían un viaje. Iban al reino de las Frambuesas, para visitar a Berry la princesa.

Al mirarse con su amiga se dieron un abrazo. Y ella puso té y galletas de fresa en la mesa. Berry notó, en el rostro de sus amigos, algo que parecía tristeza.

—Amigos míos, pienso y pienso, y se me quiebra la cabeza. Quiero entender cual sentimiento es el que los apresa. —les dijo Berry

Y Peter luego le contestó:

—Perdónanos querida princesa. Eso que vez en nosotros, se llama preocupación. Y sentimos eso, por nuestro amigo Dago el dragón.

—Si es verdad. Se había portado un tanto extraño. Y tenemos miedo, de que se ha hecho daño. Tal vez se ha comido una planta, con la que hago mis brebajes mágicos, para la garganta, pues se la pasa canta…

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Callada

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En un desierto de sonido es donde prefieres vivir, en ese relieve que a veces inspira paz, en ese lugar donde seguramente planeas tus malévolos planes, donde piensas cómo causar el mayor dolor con el mínimo esfuerzo; no quieres salir, quieres pasar desapercibido.

¿Cuántas víctimas tienes en la lista? Tú no deberías existir, de verdad no sé cómo fui tan ciega, o mejor dicho, tan sorda que no me di cuenta de la doble cara tuya. Al principio era sumamente reconfortante estar a tu lado, inspirador, sensual. Pero ahora ya no te soporto, y es justamente ahora que me ahoga tu existencia, cuando tu insistencia de seguir aquí es más fuerte que nunca. He pensado mil veces que romper contigo sería equivalente a morir, pero la verdad es que tu presencia me está matando poco a poco.

Para mi profesión eres un tanto necesario, pero creo que tu acoso hace cada día que pasa más pesado y me hace considerar bastante el deshacerme de ti. De ser uno de mis mejores amigos, el más fiel de todos, el que escuchaba siempre mis pensamientos más profundos, el amigo que ocupaba un lugar obligado por mí misma en la agenda, de ser dueño de mi tiempo libre pasaste a ser un personaje en mi historia que quiero y necesito ver muerto. Puedes decir que no es tu culpa, puedes decir que nada tienes que ver con lo pasado, pero no puedes negar que fuiste un agravante, y lo has sido hasta hoy; has sido cómplice, y por tu culpa un dolor que tal vez pudo ser pasajero se convirtió en un dolor crónico.

Porque sí, fue aquel desgraciado hombre, él, quien traicionó mi confianza, fue aquel hombre el que se aprovechó de nuestra diferencia de fuerza física y abusó sexualmente de mí, fue aquel hombre el que en unos minutos de forcejeo y violencia me sometió, y es también su rostro asqueroso y depravado el que se aparece en todas mis memorias para ennegrecerlas, trasforma todo lo que fue de color entonos grises, todo lo que me dio felicidad, incluso tus memorias, que fueron bellas, lo convierte en una tortura, su rostro está en todas partes y se apodera de mi felicidad.

Pero tú conviertes la justicia en injusticia, multiplicas por cien el dolor de la tortura que me causa recordar ese rostro. Y hoy vas a morir, porque voy a hablar de una vez por todas, escribiré lo que sea necesario y alzaré la voz, y gritaré al universo, y me alejaré por siempre de ti. Estoy decidida, y no te quedará ninguna duda, y cada año lo voy a recordar, porque marcaré en mi calendario que hoy es el día en que he decidido asesinar al silencio.

Escucha “Callada” narrada por la exquisita voz de Cielo Vanessa, en el canal de Clamortem, por YouTube.