Thundering Hooves Memorial Fence

Seguido viajo a México pues soy, como muchos tantos, un mexicano que vive en Texas. Y en la carretera estatal 17, en el pueblo de Balmorhea, apenas pasando la intersección que va rumbo a Fort Davis está pegado a un cerco, decenas de frenos de caballos colgando.

Recuerdo que hacia unos años vi una estatua de metal y nada más. Pero con el tiempo noté que había cada vez mas monumentos y frenos de caballo colgando del cerco.

Un día por fin me estacioné al lado para tomar unas fotos e investigar de que iba la cosa. La historia me dejó triste e impresionado.

Las estatuas, poemas y fotos son conmemoración de los caballos, burros y mulas que pasan por ahí en su ultimo viaje. Esa carretera va directo a México, y sin duda, los que pasan por ahí, rumbo al sur, son llevados al matadero. Cuando un caballo se vuelve un gasto y no se puede lucrar con él, lo dejan sin agua, sin comida y sin servicios médicos, para no perder dinero ni siquiera en darle una muerte digna.

 Por eso se hizo el Thundering Hooves Memorial Fence (Cerco conmemorativo de los cascos atronadores) y crearon una fundación que se encarga de rescatar y cuidar caballos, evitándoles su ultimo viaje al rastro, en México.

Aquí abajo, está el poema ya traducido  “Thundering Hooves” escrito por Ron Stonebear Shields.

Thundering Hooves (Cascos atronadores)

Por una solitaria carretera de Texas… que lleva a México… esta un lugar, vine desde 1500 millas… porque tenía que saber… Como es que se siente, ser empujado por el viento… sabiendo que estas en tu último viaje… y donde tu historia finaliza.

Caballos salvajes y domésticos tomados… de sus tierras natales… traicionados por hombres desalmados… por dinero en sus codiciosas manos. Una lagrima de pena se concentra… en el borde de mi ojo… cuantos miles han recorrido esta carretera… en su camino a la matanza… en su camino a su muerte.

El cerco conmemorativo de los Thundering Hooves… me ve sólidamente a la cara… ambos un tributo a los caballos… y un recuerdo a nuestro infortunio. Tantas traiciones… y una ruptura a la confianza de dios… mi lágrima baja por mi cara… y cae en el suelo de Texas.

Me inclino y una arranco una roca… junto a la carretera de Texas… un ultimo recordatorio… de la pesada carga de mi corazón. Transporté la piedra 1,500 millas… de regreso a mi casa. Es un sólido recordatorio, que me ve a la cara… Me recuerda los espíritus que se marcharon… Yo los sentí agrupados en un espacio sagrado.

Mi viaje es largo… se extiende al cielo… Dios no me dejará descansar… hasta que ni uno solo sea remolcado para morir… Hablen fuerte y claro se los ruego… debemos hacer nuestra parte… ningún hombre necesita cargar el ardor… de una roca de Texas en su corazón.

—Ron Stonebear Shields  

https://thunderinghooves.com/

Versos de Mariachi

Irresistibles tus labios, cubiertos de oro. implorándome otro beso, conociendo lo imposible de eso. Nos extrañamos uno al otro, tratando de evitar nuestro exceso.

Dentro de esa caja lloras. Quieres que la abra, y que a tu cuerpo corra. Que te abrace de las costillas, como en aquellos buenos días.

Un caballito de mezcal a tu salud, y otro a la mía, si se te antoja. Poco a poco nuestras almas, de nuestros cuerpos se despojan. Fui aventurero y fui loco. Tu fuiste mi cielito lindo. Mi cielo rojo.

La vejez y una enfermedad me acongojan. Nuestros suspiros llegaron una vez, desde mi México lindo y querido, hasta los labios de una salerosa, linda y hechicera malagueña.

Y ahora, mi aliento no tiene fuerza, para darte un ultimo beso. Me duele hasta los huesos, los pulmones y el corazón; tener que escribir, nuestra propia historia de un amor.

En verdad que, no hay otra igual. ¿Qué voy a hacer, si deveras te quiero? Mi vida se me va en bailar los dedos. Extrañando tocar tus pistones de nuevo.

En el palenque no cantan los gallos golones, cantan los mariachis, cortejan a la audiencia, con el jarabe tapatío.

Con un arpa y una pianola, me persigue la llorona, socarrona que es la muerte, cabrona como ella misma, cuando acecha a una persona. No llores, cucurrucucú paloma.

Trompeta de mariachi, te quiero volver a besar. Que mi aliento junto al tuyo, lleguen hasta Tecalitlán. Que van a saber de amores, los doctores.

Que van a saber del son de la negra, como la paloma, como mi suerte. Prefiero que llegue la muerte, antes que perderte.

De la música he sido Amador, de la trompeta trovador. Una enfermedad me jode, los huesos, el pulmón y el corazón. Me puedo burlar entonces, de la vida y de la muerte, si mis amigos me tocan una canción, una cruz de madera para este cabrón, cuando vaya descendiendo mi cajón.

Aquí abajo esta el audio que edité, con la voz de mi primita Vale. La pueden seguir en Twitter en el enlace.