Canción, pareja corazón

closeup photography of book page folding forming heart
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Quien quiera que sea ese alguien que asegura que de amor no se puede morir es porque no conoce el amor. El consejo dicho con frecuencia en todo el mundo es: “aprende a amarte a ti mismo antes de amar a alguien más”. Nadie sabe en realidad que sigue después de aprender amarse uno mismo y de amar a alguien más. Esa es la cuestión, ¿Qué sigue después?

Un corazón se enamora y empieza a latir a la par de un segundo corazón, se sincronizan para crear una canción hermosa, bombean sangre el uno para el otro, mantienen el calor equitativo.

No es que el tiempo sea un desalmado, solo destruye sin intención de destruir, agota sin ganas de agotar, porque la condena del tiempo es que infinitamente vera nacer y morir todo lo demás.

Un corazón siempre es más débil que otro y por culpa del tiempo de un momento a otro comienza a palpitar cansado y lento, haciendo que la melodía que tocaba acompañando a su corazón pareja pierda el compás musical. Así que el corazón más fuerte reduce el tempo, se empareja de nuevo y laten juntos esta vez al ritmo de una balada dulce.

Lo que pareciera imposible se hace siempre posible, por segunda ocasión el corazón débil y triste siente el peso del cansancio y vuelve a palpitar más lento aun, retumbando como un tambor que hace ecos en la lejanía. Con amor, el corazón fuerte baja su velocidad para acompañar ese retumbar seco, una vez más.

Es en ese punto cuando la frase carente de sabiduría: “aprende a amarte a ti mismo antes de amar a alguien más” pierde el sentido. Pues el corazón fuerte se ama igual que siempre se ha amado, lo mismo ama a su pareja corazón, así que el sacrificio de latir despacio no es en realidad un sacrificio. Aunque sin duda, los latidos lentos durante un gran segmento de la infinita línea del tiempo terminan por causar arritmia en cualquiera de los dos corazones, provocando que su canción de amor jamás vuelva a escucharse igual, por mas esfuerzo hagan lo resultados siempre les serán fallidos. Un día en el pasado tocaron juntos una canción dulce para el oído, pero ahora solo suenan como rechinidos que aturden. El tiempo se jode todo sin intención de joder.

Los intentos constantes por sincronizarse en un solo latir no llegan a nada, mantienen el amor vivo para ellos mismos y para con su pareja corazón, hasta que el esfuerzo produce un infarto fulminante en uno de ellos. Es así como se comprueba que, en efecto, un corazón se puede morir de amor.