Asa Limbú

 

person inside a abandoned building
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Felipe siempre había sentido que le faltaba algo y muchas noches se había sentido legítimamente mal. Su vida había sido siempre sencilla. Tenía una familia amorosa, una esposa que lo amaba, una hermosa casa y un buen empleo. Sin embargo, ese hueco que sentía en medio del pecho cada vez era más frecuente y le producía una inmensa nostalgia por algo que no sabía qué era. Preocupado y en absoluto secreto, acudió a ver a un psiquiatra. Tal vez necesitaba ayuda profesional. El doctor Ramírez era un psiquiatra de renombre, especialista decían, en casos poco comunes. Tuvo suerte en conseguir una cita y al llegar al consultorio la terapia daba comienzo.

Detrás de un escritorio de ébano estaba el tan afamado doctor. El hombre vestía de acuerdo a su profesión. Con un gesto amable y en silencio, le indico solo con un dedo a Felipe la silla, dándole a entender que tomara asiento. Luego tomo una posición relajada y se acomodo para hacerle unas preguntas aparentemente de rutina.

—Su nombre es Felipe, ¿cierto?

—Si, sí. Saqué cita desde hace algunas semanas. —Felipe contestó nervioso e inconforme con su propia respuesta.

—Si, bueno, tengo mis razones para alargar el tiempo para las citas. Verá usted, yo ya se cual es su padecimiento. Ahora beba del vaso que esta frente a usted. —El doctor señalo un vaso negro enfrente de Felipe.

—¡Pero doctor! ¿Me quiere medicar así nada mas de buenas a primeras?

—Es solo agua, para tranquilizarle, ande, beba ya.

En efecto, el liquido tenía el sabor del agua, y Felipe se comenzaba a tranquilizar, pero poco antes de beber el ultimo sorbo, sintió un frio en el cuerpo, como si se convirtiera en hielo de pies a cabeza, su vista se nubló, y solo alcanzó a distinguir una mujer que se le acercaba con una almohadilla antes de quedar inconsciente.

Cuando regresó en si, estaba esposado de manos y pies a un sillón muy cómodo, su boca estaba sellada con vendas. Frente a él estaba una pantalla apagada, parecía estar en un salón rodeado con sillones de todos tamaños, colores y formas.

No habían pasado cinco minutos para cuando apareció caminando el doctor, vestido ahora con una túnica azul, venia seguido de seis o siete entre hombres y mujeres de diferentes razas, también vestían la misma indumentaria. Todos, incluyendo al doctor, tenían un collar de piedras de muchos colores muy hermoso. La procesión se detuvo en las orillas del sillón en silencio mientras Felipe se retorcía y daba gritos ahogados por la venda.

—¡Tranquilo Felipe! —Gritó el doctor, logrando que se hiciera un silencio en el lugar. —Tu viniste a buscar ayuda y eso tendrás. Somos la secta de salta mundos, el universo nos invoca cuando un Asa Limbú pierde el rumbo de su destino. Nosotros aparecemos para salvarle.

Felipe se quedo boquiabierto y tan impresionado con la rareza de la situación, que ni siquiera notó que le habían quitado la venda de la boca.

Con tono apaciguador, continuo el doctor.

—Bien, tu estas inconforme con tu vida, según lo que sabes, no te falta nada, ¿cierto?, pues no estás viendo la realidad.

En la pantalla frente a Felipe, apareció una fotografía de una hoja de papel, en la que se distinguía el nombre completo de él junto con la de una decena de compañeros de trabajo, en el titulo de la página se leía “recortes de personal”. Luego las fotos comenzaron a chorrear por la pantalla, una secuencia que ponía en evidencia a su esposa siendo participe de múltiples orgias y tríos sexuales.

El estómago de Felipe se empezó a hacer chiquito de dolor, y el llanto se hizo presente. El doctor vio que lloraba y soltó una sonrisa disimulada, luego se reincorporó al gesto serio con el que había entrado al lugar y continuo hablando mientras cambiaban las fotografías de su esposa.

—Te sentías mal en tu trabajo y no sabías porque, ¿Verdad? ¿Los besos y las caricias de tu mujer te sabían extraños estos últimos años? Piensa, ¿Qué más te molesta Felipe?

Entre las imágenes aparecieron unas de su hija de diecisiete años practicándole sexo oral al mejor amigo de Felipe. Y la voz del doctor se escuchaba más intensa

—Sientes que estas solo en el mundo y que todos te dan la espalda. Tu corazón siente cosas que no puedes explicar. Tus ojos y tus oídos son ciegos y sordos a la voz de tu interior. ¡Escuchala Felipe! ¡ya es hora de despertar! ¡Despierta!

Felipe despertó en el sillón de su sala, confundido. Miro el reloj en la pared y se dio cuenta que faltaban minutos para la hora de su cita con el psiquiatra. Se levantó para conducir hasta la dirección. Al llegar, notó que el edificio era el mismo, pero ahora estaba abandonado, solo había basura en el piso, ropas viejas y botellas de cerveza. En el fondo vio su reflejo en un espejo sucio, y se dio cuenta que traía puesto el collar de piedras que usaban los de la secta de los salta mundos, se lo quitó y vio que una de las piedras, la del color mas atractivo a sus ojos, tenía escrito Asa Limbú. Se lo volvió a colgar y escuchó la voz del doctor diciendo “No estas solo, ve y descubre las verdades del universo, suelta las cadenas invisibles que te mantienen atado a una vida que no quieres vivir”

El espejo se reventó en pedazos dejando ver al otro lado, en una ventana del edificio de enseguida, se veía claramente a la esposa de Felipe en una sala, rodeada de cámaras y personas desnudas teniendo relaciones sexuales.

A partir de ahí, Felipe se dedicó a caminar libre, descubriendo mundos, siguiendo el camino que marcan sus corazonadas, dominando las habilidades que le fueron ofrecidas al nacer, viviendo con la fortuna de haber descubierto que en el fondo era un Asa Limbú.