Elixir de los humanos

Mary es así, le gusta que sus invitados beban café. Cuando visitan sus padres, lo acompañan con galletas caseras. Si se trata de Karen, es mezclado con brandy. Y es un visitante que la va a acompañar en la cama, la bebida se pospone hasta terminar el acto sexual.

En lo personal, el aroma me fascina; y más aún, me encanta escuchar el sonido de la cafetera. El agua hirviendo gorgorea acariciándome en el oído la curiosidad gatuna que tengo. Es casi tan delicioso, como sentir las manos de Mary en mi espalda, mientras que, ronroneo tendido en sus piernas.

La última vez que bebió del elixir de los humanos, lo acompañó con un bote completo de pastillas, las mismas que usa cuando se siente triste. Es curioso, pues siempre se toma solo una o dos.  Escribió una pequeña nota, que dejó en la mesa, luego se tendió sobre la cama. Me abrazó y lloró. Lloró hasta que se quedó dormida y ya no despertó mas.

Ahora, en esta enorme reunión en su casa, todos lloran. Están en su sala, beben café, el elixir de los humanos. Muchos de ellos lo beben por que les gusta, y pocos lo hacen en su honor. Ella sigue dormida, la colocaron dentro del cajón, y yo… la extraño.

Imagen de Marta Cuesta en Pixabay

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